Deriva II: acerca de la belleza segun baudelaire y a mi manera
Una mujer seductora y bella, que hace soñar a la vez -pero de una manera confusa- en voluptuosidades y tristeza, que arrastra una idea de melancolía, de lasitud, hasta de saciedad -esto es, una idea contraria, un ardor, un deseo de vivir, asociado a un reflejo amargo como procedente de privación o desesperanza. El misterio, el pesar, son también características de lo bello.
Una mujer es una provocación tanto más atrayente cuanto más melancólico es el rostro. Pero esta mujer contendrá, además, algo triste y ardiente: deseos espirituales, ambiciones oscuramente rechazadas, un carácter difícil, algunas veces, la idea de una insensibilidad vengativa; algunas veces también el misterio, siendo esta una de las características de belleza más interesantes. No pretendo que la alegría no pueda asociarse con la belleza, pero digo que la alegría es uno de sus adornos más vulgares, mientras que la melancolía es, por decirlo así, su ilustre compañera llegando hasta el extremo de no concebir (¿será mi cerebro un espejo embrujado?) un tipo de belleza donde no haya dolor.
Una alegría permanente es producto de una falsa apariencia, pues una alegría permanente podría ser un signo inequívoco de felicidad, dicho concepto es teórico dado que presenta una totalidad de necesidades materiales y emocionales cubiertas que lleva a la persona hacia una carencia casi total de deseos, de búsqueda o de anhelos, al menos, terrenales.
El dolor mantiene oculta una parte de ti –esto es, misterio- difícil de desenmascarar en su totalidad, que provoca melancolía, llegando a resultar atractiva y sensible y representando un reto que no es efímero, un obstáculo permanente que salvar, en ocasiones, que conduce a una idea de falta y de anhelo.
No es posible dejar atrás el concepto de sinceridad, que permite conocer a una persona a través de ella y de nosotros mismos, la mentira es un falso velo que cubre nuestros sentidos, capaz de conducirnos a un punto de engaño y de incertidumbre acerca del ser amado. Cuando se hace visible causa duda y un estado de desesperanza de principio a fin acerca de la propia persona, de lo que la rodea y de lo que queda por venir, llegando a ser a menudo insostenible.
Una mujer es una provocación tanto más atrayente cuanto más melancólico es el rostro. Pero esta mujer contendrá, además, algo triste y ardiente: deseos espirituales, ambiciones oscuramente rechazadas, un carácter difícil, algunas veces, la idea de una insensibilidad vengativa; algunas veces también el misterio, siendo esta una de las características de belleza más interesantes. No pretendo que la alegría no pueda asociarse con la belleza, pero digo que la alegría es uno de sus adornos más vulgares, mientras que la melancolía es, por decirlo así, su ilustre compañera llegando hasta el extremo de no concebir (¿será mi cerebro un espejo embrujado?) un tipo de belleza donde no haya dolor.
Una alegría permanente es producto de una falsa apariencia, pues una alegría permanente podría ser un signo inequívoco de felicidad, dicho concepto es teórico dado que presenta una totalidad de necesidades materiales y emocionales cubiertas que lleva a la persona hacia una carencia casi total de deseos, de búsqueda o de anhelos, al menos, terrenales.
El dolor mantiene oculta una parte de ti –esto es, misterio- difícil de desenmascarar en su totalidad, que provoca melancolía, llegando a resultar atractiva y sensible y representando un reto que no es efímero, un obstáculo permanente que salvar, en ocasiones, que conduce a una idea de falta y de anhelo.
No es posible dejar atrás el concepto de sinceridad, que permite conocer a una persona a través de ella y de nosotros mismos, la mentira es un falso velo que cubre nuestros sentidos, capaz de conducirnos a un punto de engaño y de incertidumbre acerca del ser amado. Cuando se hace visible causa duda y un estado de desesperanza de principio a fin acerca de la propia persona, de lo que la rodea y de lo que queda por venir, llegando a ser a menudo insostenible.

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